Cospedal y Camps o la demagogia hídrica del Partido Popular
15 Enero 2010 por Eugenio García Mayo
Camps y Rita están escenificando de cara a la galería un pulso en torno al transvase Tajo-Segura, esto es, la cesión de excedentes de agua entre Castilla La Mancha y la Comunidad Valenciana. El paripé consiste en hacernos creer que Cospedal defiende los intereses de Castilla mediante el blindaje del agua del Tajo en el nuevo Estatuto de Castilla La Mancha con el establecimiento de una reserva hídrica de 6.000 hm y Rita y Camps los de los Valencianos con el fin de garantizar el riego en las zonas de la Vega Baja alicantina. Pero el pescado ya está vendido. Todo es mentira y, lo que es peor, un acto irreflexivo de irresponsabilidad política.
Esperanza Aguirre, en un gesto de raciocinio y cordura ha dicho que el agua no es de nadie y menos para enfrentar a comunidades. Pero el neonacionalismo del PP pretende imprimir a cada acto público de sus líderes regionales un cuño de rivalidad interterritorial, incluso a sabiendas del peligroso rumbo y secuelas que siempre supone el enfrentamiento autonómico.
El PP vuelve a reeditar la pelea hídrica que protagonizaron Zaplana y Camps contra el PSOE, Marcelino Iglesias y el PP aragonés por el blindaje del agua del Ebro en el estatuto maño. Camps hizo del agua del Ebro “casus beli” contra el PP y PSOE de Aragón acusándoles de insolidarios (cosa que es verdad) por regular en el art 17 de su estatuto la prohibición expresa de transvases de agua a la Comunidad Valenciana. Pero todo fue un paripé. Otro monumental numerito nacido de la maquinaria estratégica y electoral de Génova para vender ese producto de la asimetría territorial que tanto gusta al PSOE y a las minorías nacionalistas.
La prueba: todos los diputados populares valencianos en el Congreso de los Diputados en Madrid votaron a favor del nuevo estatuto aragonés donde se establecía la mentada prohibición del transvase a la Comunidad Valenciana. Primero lo hicieron en el seno de la ponencia en la Comisión Constitucional donde se debatió y, posteriormente, en el Pleno del Congreso donde se aprobó. No hubo ni una abstención u objeción de conciencia. Todas las manifestaciones, comunicados, ruedas de prensa y aspavientos no fueron más que fuego de artificio para mantener el escaparate regionalista-nacionalista de un PP de la Comunidad Valenciana que no dudó en traicionar su propio programa y a los regantes de la huerta de las comarcas de Castellón y Valencia.
Ahora, con el estatuto de Castilla La Mancha, el supuesto rifirrafe de Cospedal y Camps a cuenta del transvase del Tajo será más de lo mismo en vez de explicar a los habitantes de cada comunidad en qué consiste el principio constitucional y moral de la solidaridad entre las tierras y los ciudadanos de la nación española.



