El Madrid contra la PlayStation

9 Abril 2010 por Daniel Terrasa

En cierta ocasión, Jorge Valdano se refirió al genial Romario como  “un jugador de dibujos animados”. El brasileño, cuando le apetecía jugar, desplegaba un fútbol de fantasía y firmaba goles para enmarcar. Recientemente hemos podido escuchar un piropo parecido hacia Messi. Esta vez por parte del entrenador del FC Arsenal, Arsène Wenger, después de ver a su equipo caer derrotado y goleado hasta cuatro veces por el pequeño delantero argentino: “Para mí, Messi es de Play Station”. Debe ser así, porque él consigue hacer cosas que solo son posibles en el mundo virtual de las videoconsolas.

Realmente lo del partido de Champions ante el Arsenal fue de Play Station. La exhibición “messiánica” ante toda Europa ha hecho que el gallo merengue se cortara de sacar pecho como ha estado haciendo durante las últimas jornadas ligueras: “Tienen que pasar por el Bernabéu y aquí morderán el polvo”, se animaban unos a otros. Sabían que el juego de los azulgrana les sacaba varios cuerpos de ventaja, pero ellos argumentaban eso tan cacareado -nunca mejor dicho- de “la pegada” y apelaban al “espíritu del Bernabéu”. Mucha épica, pero poca estética.

Así que mañana es EL PARTIDO y la euforia blanca se ha atenuado bastante desde el martes por la noche. Sí, hay ganas de derrotar al Barça, no es descabellado. El Madrid puede perfectamente ganar a cualquiera, pero ahora el fantasma del 2-6 del año pasado planea sobre sus cabezas. Messi es un tipo menudo, pero su sombra es capaz de eclipsar al mismísimo CR9 y la colección completa de estrellitas de Don Florentino.

Yo soy de natural pesimista, pero si me obligasen a apostar para el sábado creo que pondría un 2 en la quiniela. Este Barça es muy grande, y Messi en particular es un coloso. Lo bueno es que el Madrid saldrá crecido y el encuentro promete emoción y goles. La pregunta es: ¿Tienen algo que hacer contra un jugador de Play Station? ¿Tiene alguna posibilidad Arbeloa -designado como perro de presa para la ocasión- de frenar a Messi? Si todo va bien, esta temporada aun nos quedan dos visitas al estadio blanco: La del sábado, para dejar claro quién manda aquí, y la segunda el mes que viene para levantar la Copa de Europa.

Don Bernardo

26 Marzo 2010 por Daniel Terrasa

Schuster. Como siempre, haciendo amigos.

Schuster. Como siempre, haciendo amigos.

El pasado miércoles, antes del Barça-Osasuna, tuvo lugar en el Camp Nou un breve homenaje al equipo ganador de la Liga 1984-85, título muy celebrado en su día porque ponía fin a una larguísima racha de 13 años de sequía.  Recuerdo los nombres de aquellos jugadores porque yo, como todos los niños entonces, coleccionaba cromos de fútbol. Sí, la generación pre-playstation y sus extraños comportamientos: jugar en la calle, merendar pan con nocilla y pasar la infancia con las rodillas heridas y bien pintaditas con mercromina.

Víctor Muñoz, Moratalla, Julio Alberto, el malogrado Urruti, Marquitos, el “Lobo” Carrasco, Alexanko, “Pichi” Alonso… Todos fueron ovacionados por el público. ¿Todos? No, todos no. Uno de ellos se llevó una sonora pitada: Bernd Schuster.

El alemán es un tipo con fama de conflictivo. Ha dejado su huella en todos los equipos que ha pasado, incluída la selección alemana. En Barcelona también, por supuesto. Principalmente porque se cambió de trinchera, fichando por el Madrid en 1988 después de pelearse con la prensa, el entrenador y casi todos sus compañeros. No fue un caso tan siniestro como el de la traición de Figo, pero suficiente para afrentar a los culés. Muchos no lo han olvidado, como se puede ver. Sí, era un jugador de clase excepcional que dio grandes tardes de fútbol al Barça, pero también de caracter imposible, altivo y antipático. Una joyita.

Y sin embargo yo, de haber estado allí,  no le hubiera pitado. No es bueno ser rencoroso. Prefiero recordar sus grandes momentos,  sus pases kilométricos al pie, su clase en el medio campo, y también su butifarra a los jugadores merengues (concédanmelo) en aquella final de Copa de 1983, tras el golazo de Marquitos en vuelo son motor.

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“Nos vamos a Madrid”

18 Marzo 2010 por Daniel Terrasa

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Es a hora de la siesta y uno de esos forofos con micrófono, avispado periodista deportivo y madridista de pro, llámenle Azuara o Roncero, o como ustedes quieran (el nombre no importa) duerme profundamente, disfrutando un sueño húmedo y cálido: Final de la Champions 2010, estadio Santiago Bernabéu. Las gradas atestadas de flashes y banderas blancas, y Cristiano Ronaldo dando la vuelta al ruedo con la Copa en sus manos mientras por megafonía suena, atronador, el himno merengue. Cuando el periodista despierta, comprueba que por sus mejillas ruedan lágrimas de alegría. Se da unos minutos para recomponerse, que esta noche tiene que trabajar. Hay jornada de Champions y juega el Barça.

Son las 22:30 y el Camp Nou está viviendo una de esas noches europeas que los más cursis suelen llamar “mágicas”. Hacía falta un resultado así para dejar claro que el campeón aspira a revalidar el título, algo que no se produce desde que el AC Milan encadenara dos copas de Europa seguidas en 1989 y 1990. Veinte años atrás, nada menos. Para este Barça, que nos ha acostumbrado a ver cómo lo imposible se hace posible y pulveriza un record tras otro, esto no parece ser ninguna quimera.

La víctima de la noche es el Stuttgart, que tras su buena primera parte en la ida llegó a soñar por un instante que podría complicarle el pase a cuartos al actual campeón. La ilusión había durado apenas 13 minutos. Un pequeño hombre llamado Messi ha ejercido de crack, apareciendo justo cuando el equipo lo necesitaba.  Ha desequilibrado la defensa alemana, el partido y la eliminatoria. ¡Qué grande es! Llega la medianoche y en  las tertulias radiofónicas, siempre infestadas de periodistas blancos, se respira un ambiente enrarecido. Los más profesionales se esfuerzan en fingir satisfacción pero en algún momento se les escapan comentarios teñidos de envidia: ”Este Barça padece Messidependencia”, dice uno; “¡Qué poca elegancia la de la grada barcelonista, choteándose de la derrota del Madrid ante el Lyon!”, se queja el otro.

Había sido duro, muy duro, ver un año más al Madrid apeado de mala manera de la competición en octavos. Lo que se dice un naufragio en toda regla. Cuando todavía estaba la afición blanca y prensa afín tratando de digerir el revés, va el Barça y se exhibe ante su rival, amenazando con plantarse en la final del Bernabéu. “Sí, sí, sí - Nos vamos a Madrid” coreaba la afición blaugrana ayer en el estadio con el partido ya resuelto. Cada uno de estos gritos se clavaba en el tímpano del periodista deportivo madrileño-madridista como un puñal. Para él esta noche no hay  sueño húmedo, sino pesadilla. Se despierta en medio de la oscuridad, empapado en sudor. Va a por un vaso de agua y antes de volver a la cama se arrodilla para elevar una plegaria al Altísimo: Que el Inter, o el Bayern, o el United… Es igual, el que sea, se interponga en el camino del Barça y evite que llegue a la final. “¡Señor, sois mi última esperanza!”

Gallitos y gallinas

10 Marzo 2010 por Daniel Terrasa

Están de subidón, pero ¿qué título celebran?

Están de subidón, pero ¿qué título celebran?

El Madrid remontó un 0-2 en casa ante el Sevilla. ¡Ante el Sevilla, oiga! Ahora todos sacan pecho y dicen que nos preparemos, que se van a comer al Barça por los pies. En el otro lado, muchos culés han empezado a ponerse nerviosos y tiemblan como colegialas vírgenes el día del estreno. Vamos a ver señores, pongamos orden en este corral futbolero:  El gallito que no cacaree tanto y la gallina que se comporte como un hombre.

¿Qué tiene esta situación de especial? El Madrid de los millones ha igualado a puntos al Barcelona. Lógico y natural. Siempre fue así, ellos juegan una Liga aparte, el resto de “aspirantes al título”, que van rotando según la época, solo tiene derecho a recoger alguna que otra migaja del pastel y a poner un poco de maquillaje a este bipartidismo balompédico, tan fuertemente arraigado en España.

Tengo un amigo que defendía vehementemente hace años (cuando el Depor y el Valencia ganaron sus ligas) que la hegemonía de los dos grandes se había acabado. Yo  le llevaba la contraria, así que nos apostamos algo a largo plazo, no lo recuerdo bien, creo que era que de las próximas 20 ligas, 18 de los títulos se los repartirían entre los grandes. No recuerdo cuánto aposté, ni en qué términos, ni qué amigo era. Íbamos muy cocidos, la verdad, pero el espíritu de la apuesta era ese.

No me desvío del tema: El empate a puntos a estas alturas de Liga es normal. Por eso hay que bajar los humos a los gallitos merengues (¿de qué presumen? ¿acaso ya han gando algún título?) y sosegar a los asustadizos culés. No pasa nada, la Liga de verdad empieza ahora. ¿No somos el mejor equipo del mundo? Pues ahora toca demostrarlo.

Alegato guardiolista

26 Febrero 2010 por Daniel Terrasa

Parece ser que este sábado por la noche La 2 emitirá un reportaje sobre Pep Guardiola. Tengo curiosidad por ver cómo enfocan el asunto, si va a ser un simple peloteo o un análisis objetivo de su personalidad y su carrera deportiva. 

Pep, ahora en la cumbre, admirado incluso desde las filas del rival irreconciliable, se ha declarado desde siempre seguidor de Johann Cruyff. Las comparaciones son odiosas, como jugadores ambos fueron geniales, aunque diferentes. En el banquillo la diferencia entre ambos es más tenue, primero porque los dos comparten la misma concepción del fútbol, y segundo porque desde su posición los detalles individuales se diluyen e incluso desaparecen. Un buen entrenador sabe que no tiene que ser nunca el protagonista, que ese rol debe dejárselo a los jugadores. Y por tanto, a menor protagonismo, menos posibilidades de destacar en rasgos individuales. La personalidad, el espíritu, la actitud, la sabiduría… Todas las virtudes y defectos del míster se plasmarán inevitablemente en el juego de su equipo. Guardiola lo ha entendido mucho mejor que Cruyff, que siempre tuvo ese punto vanidoso.

Ahora nos encontramos con que el discípulo ha superado al maestro. Cierto es que Guardiola ha contado con más recursos materiales (dinero, vamos) de los que el holandés dispuso en su época, pero cuántos entrenadores del Barça o del Madrid no han tenido en sus manos la gestión de esas plantillas galácticas y un saco de millones para fichar, sin alcanzar las cotas de éxito y de buen fútbol que el equipo azulgrana ha logrado de su mano. 

¿Suerte? Sin duda, ese es un factor importante, pero insuficiente para explicar el éxito del Barça de Guardiola. Además de suerte hay detrás mucho trabajo. Ya saben, eso que decía Picasso: “que las musas me pillen trabajando”. Trabajo y pasión. Cuando uno siente pasión por su trabajo no solo dedica más tiempo y esfuerzo a su proyecto, sino que este esfuerzo se ve multiplicado, impulsado por el empeño que uno pone en el asunto.

No busquen más: La palabra es pasión. Sí, ya sé que el de entrenador del FC Barcelona es un trabajo muy bien pagado. Qué quieren que les diga, ya sabemos que este mundo de mierda es injusto y que a unos les pagan cantidades obscenas de dinero por un trabajo mientras que otros se comen (nos comemos) los mocos, pero aceptando esto, pocos pueden decir que se entregan tanto a su trabajo como lo hace Guardiola. Algunos hasta cobrando más que él. Personalmente creo que reune un ramillete de cualidades envidiables: Trabajador, inteligente, educado, discreto, humilde, entregado, valiente… Cualidades que lucen todavía con más brillo cuando se le compara con su presidente, el siempre arrogante y chabacano Laporta. Por eso yo le perdono la derrota ante el Atlético de Madrid y la paupérrima primera mitad en Stuttgart. Hay que ser justo. 

Ya está. Ya terminé con mi alegato guardiolista. Yo, ignorante escéptico que dudé de la conveniencia de que accediera al banquillo del Barça. Solo falta ver cuántos de los que hoy alaban a Guardiola no tendrán reparo alguno en clavarle el cuchillo el día en que el fracaso llegue, que siempre llega.  La mezquindad humana no tiene límites, y en el mundillo de los periodistas deportivos y ani les cuento.