España entra en el club de las estrellas

12 Julio 2010 por Daniel Terrasa

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Ha costado mucho, pero la Historia nos lo debía. Deuda saldada.

Homérico Puyol

9 Julio 2010 por Daniel Terrasa

Puyol, el héroe ante Alemania

Puyol, el héroe ante Alemania

Como en una narración épica clásica, Puyol se erigió en el héroe homérico de la noche de las semifinales. Si fuera un personaje de la Ilíada le llamarían “Puyol, el que remata con la cara”, o algo similar. En ese portentoso gol ante Alemania el pequeño defensa culé -pequeño en comparación a las poderosas y temibles torres teutonas- se abrió paso con una fuerza sobrehumana desde fuera del área, sostenido en su vuelo por los dedos de los mismos dioses del Olimpo, y cabeceó la pelota con una brutalidad desnuda.

No descartemos que la ubicación de la mítica Laguna Estigia quede en las afueras de La Pobla de Segur, y que su madre lo sumergiera en ella para darle la inmortalidad, como a Aquiles. Solo que esta vez sin sujetarlo del talón. Eso al menos explicaría el prodigio.

El gol llegó en el momento adecuado, en la catarsis del encuentro. La testa de Puyol de destrozó la falange germánica. Un grito desgarrado de furia. Un acto de justicia balompédica. Un momento inolvidable. Puyol acaba de pasar a la Historia, y lo ha hecho fiel a su estilo: A lo bestia. Un catalán llevando a España a la gloria futbolística. Qué grande.

Fútbol en guerra

29 Junio 2010 por Daniel Terrasa
He leído muchas veces que el éxito del fútbol a nivel planetario radica en que es un sustitutivo perfecto y en principio inocuo de la guerra. Los homo sapiens necesitamos competir entre nosotros, vencer y establecer jerarquías. Funcionamos así desde la Prehistoria. Ahora, ya evolucionados, hemos desterrado la guerra del mundo civilizado, restringiendo su existencia a las zonas periféricas del mundo, los patios traseros y los solares abandonados. El fútbol es la guerra moderna, y cuando cada cuatro años se celebra el Campeonato del Mundo, el deporte rey se convierte en un sucedáneo muy logrado de la Guerra Mundial. ¿Creen que exagero?
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Para quienes duden de la importancia del fútbol, basta echar un ojo a la prensa del país vecino. El triste espectáculo de la selección francesa, que incluye además del fracaso deportivo motines en el vestuario y episodios de racismo, se ha convertido en cuestión de estado. Hoy he leído que Sarkozy -flipo- se va a reunir mañana con el capitán Thierry Henry para que éste le dé explicaciones sobre lo que ha pasado. Como en la guerra del 14. “¿Por qué no han salido de sus trincheras como se les ordenó?” Todo un homenaje a Senderos de Gloria.
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El Alemania-Inglaterra del domingo parece un remake de la II Guerra Mundial, solo que esta vez han sido los británicos los primeros en abrir fuego. Ayer el Daily Star, ese paradigma de la veracidad y del buen gusto, faro de referencia para la prensa mundial, comparaba el uniforme de reserva de los alemanes frente a Ghana con el de los oficiales de las SS, y titulaba: “El retorno de los camisas negras”. Por si la provocación no fuera suficiente, ilustraba la noticia con dos fotos: Una del capitán alemán Ballack y justo al lado, otra de Adolf Hitler.
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Los titulares de la prensa amarilla han visto el filón y se refieren a los jugadores alemanes como Hunos, Krauts o Nazis con total desparpajo, recurriendo alegremente a la terminología bélica de los años 40: Panzer, Blitzkrieg… Precisamente cuando Alemania presenta la selección más “multicultural” de su historia, con jugadores nacidos en lugares tan diversos como Polonia, Brasil o Turquía. Da igual, son alemanes, su historia negra les perseguirá siempre. Por lo menos mientras exista esta prensa basura y gente que la consuma.
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Pero ojo, que la estupidez balompédico-nacionalista no se limita al Reino Unido. El infumable Bild -el periódico más leído de Europa- se lamenta del tratamiento que reciben sus chicos por parte de los británicos, cual virginal Fräulein ofendida. Sin embargo, estos días de campeonato hemos podido leer en sus páginas comentarios abiertamente ofensivos hacia otras selecciones nacionales: Tras la eliminación de Francia, por ejemplo, no se cortaron a la hora de parodiar el tradicional grito de ánimo de los galos “Allez les bleus”, cambiándolo por “Allez les Blöd” (Blöd en alemán significa tonto, estúpido). Ayer, después de que Italia cayera, titulaban “Italia está fuera”, y en letras enormes: “Ätsch!”, que viene a significar algo así como “te jodes”. Más abajo recuerdan, rencorosos, que Italia destrozó el sueño de los alemanes de ganar el Mundial 2006 ante su propia afición. Bild Zeitung. Ni para envolver el bocadillo, oiga.

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A España de momento la tienen en segundo plano, en espera de que la eliminen mañana supongo. Ya deben tener preparadas imagenes de toros, flamencas, paella y sangría. Y que conste que no espero gran cosa de la habitualmente lamentable prensa deportiva de Hispanistán, hasta la fecha respetuosa con el rival, más que nada por exceso de ombliguismo. Una extensión futbolera de aquello tan paleto y tan nuestro de “Como en España no se vive en ninguna parte”. La prensa hispanistaní es siempre bipolar, en todos los asuntos, también cuando se trata de hablar de nuestra propia selección. Aquí el concepto de guerra se entiende como guerra civil. No podía ser de otro modo. Si se gana, somos la hostia; si se pierde, son una pandilla de inútiles y el populacho en masa salimos a la calle como en el dos de mayo, pidiendo que rueden cabezas.
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Así de importante es el fútbol, ideal para airear nuestros más bajos instintos nacionalistas. Al fin y al cabo se trata de eso: banderas y colorines, reafirmaciones identitarias, guerra entre tribus, nosotros contra ellos… ¿Por qué creen que algunos en Cataluña y el País Vasco andan como locos para que sus respectivas selecciones sean reconocidas internacionalmente? ¡Para imitarnos en esta locura! Por fortuna, el nationalist mode a la mayoría les dura hasta que finaliza el campeonato. Otros lo llevan puesto todo el año.
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(*) Publicado en el blog Paisse el 24 de junio de 2010, en la previa del Alemania-Inglaterra.

La selección española de toda la vida

17 Junio 2010 por Daniel Terrasa

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“Cuando un español de verdad la caga, la caga a lo grande”. Esta frase mítica hay que atribuirla a un personaje de ficción de la no menos mítica serie de TV “Aquí no hay quien viva”. Sí, ya sé: Es una serie cómica y muy poco glamourosa, pero resume magistralmente en dos palabras nuestra realidad nacional y deportiva.

Quizá para los más jóvenes el naufragio de ayer ante Suiza habrá supuesto un shock brutal, un brusco despertar de su sueño. Sueño irresponsablemente alimentado e inflado cual burbuja inmobiliaria por la inclasificable raza de los perdiodistas deportivos, esos que ahora se tiran a la yugular de Del Bosque y los jugadores, esgrimiendo titulares donde se remarca la palabra “humildad”. Humildad, le dijo la sartén al cazo. Hay que joderse.

En fin, decía que esto puede haber sorprendido a algunos bisoños, pero los que ya hemos visto algunos mundiales sabemos que esto es lo normal. “Señora: España y yo somos así”, que decía el clásico. Lo raro era lo otro. Ganar y tal, ser campeones, etc. Uno no puede luchar contra su destino. Ni siquiera cuando cuenta posiblemente con el mejor equipo del campeonato. Porque esa es otra: tenemos un equipazo, quién lo duda, pero para ganar el torneo eso no es suficiente per se. Una selección cuya columna vertebral está formada por los jugadores del Barça. Ayer ninguno de ellos brilló a su altura. Hasta Xavi estuvo fallón. Mal síntoma.

El que debe estar que trina es ZP, que confiaba en la selección como el panem et circenses que le iba a servir de cortina de humo para colar su decretazo. Este hombre no tiene ni puta idea de fútbol. O por lo menos, sabe tanto de fútbol como de economía. ¡Qué crack!

 

Hasta nunca, Laporta

12 Junio 2010 por Daniel Terrasa

Laporta: Qué poco te echaré de menos.

Laporta: Qué poco te echaré de menos.

Debo confesar que no he seguido la campaña electoral para la presidencia del Barça. Más que nada para evitar sentir vergüenza ajena. Sé que se presentan cuatro pájaros (Sandro Rosell, Marc Ingla, Jaume Ferrer y Agustí Benedito) pero lo que me parece más destacable por encima de todo es que por fin Joan Laporta abandona el club. Si deportivamente su etapa en la presidencia ha sido la más gloriosa en cuanto a títulos y posiblemente en gestión económica, el daño que le ha hecho a la entidad y a su imagen es incalculable. 

Laporta, no me cansaré de repetirlo, ha utilizado el nombre del FC Barcelona para sus aspiraciones políticas personales. Ha involucrado al club en su cruzada trepa arrastrándolo a la arena política, marginando a los culés que no somos catalanes, e incluso a los culés catalanes que no comulgan con las ruedas de molino del nacionalismo, que son muchos. Ha conseguido abrir brecha, que el Barça sea odiado por mucha gente en el resto de España. Sí, ha empequeñecido al club, cubriéndolo con una pátina de roñoso nacionalismo decimonónico. Y todo para alimentar su insaciable ego, para postularse como nuevo caudillo del catalanismo independentista y sentar las bases de su futura carrera.

Todo esto también debe añadirse en el Curriculum de Joan Laporta, y eso que me ahorro mencionar sus maneras prepotentes y chabacanas, sus tics autoritarios y sus modales de nuevo rico. ¡Qué joyita! Algunos le calamos en el minuto 1, pueden constatarlo en mi otro blog. Su marcha es un alivio, una liberación. Hay que celebrarlo.

Luego está la cuestión sucesoria. La cosa no está como para echar cohetes. Incluso el más encarnizado rival de Laporta, Sandro Rossell, está subido -como los demás- en el tren del catalanismo y está movido por el interés personal. Todos estos señores son todos aspirantes a políticos, ambiciosos y oportunistas. Van a lo que van, el amor a los colores es el pretexto perfecto. No tengo confianza en ninguno de ellos, aunque en el debate de ayer Ingla hizo un comentario de lo más acertado, cuando se habló de limitar el número de socios: “Esto no es un club de tenis, sino de fútbol, y lo fundó un suizo”. Buen recordatorio para los patriotas de chichinabo.