“Nos vamos a Madrid”

18 Marzo 2010 por Daniel Terrasa

YouTube Preview Image

Es a hora de la siesta y uno de esos forofos con micrófono, avispado periodista deportivo y madridista de pro, llámenle Azuara o Roncero, o como ustedes quieran (el nombre no importa) duerme profundamente, disfrutando un sueño húmedo y cálido: Final de la Champions 2010, estadio Santiago Bernabéu. Las gradas atestadas de flashes y banderas blancas, y Cristiano Ronaldo dando la vuelta al ruedo con la Copa en sus manos mientras por megafonía suena, atronador, el himno merengue. Cuando el periodista despierta, comprueba que por sus mejillas ruedan lágrimas de alegría. Se da unos minutos para recomponerse, que esta noche tiene que trabajar. Hay jornada de Champions y juega el Barça.

Son las 22:30 y el Camp Nou está viviendo una de esas noches europeas que los más cursis suelen llamar “mágicas”. Hacía falta un resultado así para dejar claro que el campeón aspira a revalidar el título, algo que no se produce desde que el AC Milan encadenara dos copas de Europa seguidas en 1989 y 1990. Veinte años atrás, nada menos. Para este Barça, que nos ha acostumbrado a ver cómo lo imposible se hace posible y pulveriza un record tras otro, esto no parece ser ninguna quimera.

La víctima de la noche es el Stuttgart, que tras su buena primera parte en la ida llegó a soñar por un instante que podría complicarle el pase a cuartos al actual campeón. La ilusión había durado apenas 13 minutos. Un pequeño hombre llamado Messi ha ejercido de crack, apareciendo justo cuando el equipo lo necesitaba.  Ha desequilibrado la defensa alemana, el partido y la eliminatoria. ¡Qué grande es! Llega la medianoche y en  las tertulias radiofónicas, siempre infestadas de periodistas blancos, se respira un ambiente enrarecido. Los más profesionales se esfuerzan en fingir satisfacción pero en algún momento se les escapan comentarios teñidos de envidia: ”Este Barça padece Messidependencia”, dice uno; “¡Qué poca elegancia la de la grada barcelonista, choteándose de la derrota del Madrid ante el Lyon!”, se queja el otro.

Había sido duro, muy duro, ver un año más al Madrid apeado de mala manera de la competición en octavos. Lo que se dice un naufragio en toda regla. Cuando todavía estaba la afición blanca y prensa afín tratando de digerir el revés, va el Barça y se exhibe ante su rival, amenazando con plantarse en la final del Bernabéu. “Sí, sí, sí - Nos vamos a Madrid” coreaba la afición blaugrana ayer en el estadio con el partido ya resuelto. Cada uno de estos gritos se clavaba en el tímpano del periodista deportivo madrileño-madridista como un puñal. Para él esta noche no hay  sueño húmedo, sino pesadilla. Se despierta en medio de la oscuridad, empapado en sudor. Va a por un vaso de agua y antes de volver a la cama se arrodilla para elevar una plegaria al Altísimo: Que el Inter, o el Bayern, o el United… Es igual, el que sea, se interponga en el camino del Barça y evite que llegue a la final. “¡Señor, sois mi última esperanza!”

Deja tu comentario