¿Truco o trato?

31 Octubre 2009 por Pablo Aparicio Durán

Desde hace años, esta tradición angloamericana está empezando a echar raíces -cada vez más- también en España, por lo que es posible que esta noche llamen a su puerta personillas disfrazadas de vampiro, de bruja, o  de la criatura del doctor Frankenstein, por decir algunos ejemplos típicos; o de Michael Myers si son algo más modernos y entendidos. Tal vez estos, además, le sorprendan con una peregrina fórmula de salutación (en realidad, un pequeño chantaje): ¿Truco o trato? Esto es, en inglés, ‘trick or treat?’. Mala traducción, sin embargo; aunque, como veremos, no lo es tanto si se le cambia un poco el sentido, que es como creo que la gente lo debe de entender más de una vez, al fin y al cabo.

Lo de truco –es decir, hechizo, maleficio, o simple jugarreta– por trick, puede pasar. Pero treat –detalle, obsequio con algo placentero, ya sea comida o algún entretenimiento que se ofrece a los demás sin pedir nada a cambio– no es lo mismo que trato en español.

Pero sí es verdad, en cambio, que en dicha fórmula hay implícito un trato de verdad: se suele dar, en efecto, golosinas a los niños que van disfrazados de seres terroríficos, a cambio de no ser víctima de su jugarreta, como lo es que le llenen a uno la fachada de papel higiénico mojado, por ejemplo, como en ocasiones hacen los estadounidenses.

Es, pues, dándole a la palabra trato, en “¿truco o trato?”, el sentido de “avenencia para evitar un daño” (lo que coloquialmente llamamos “componenda”), como puede salvarse mucha de nuestra dignidad idiomática, empezando por la de los niños cuando vayan por ahí llamando a las casas pidiendo caramelos, esto es, cuando vayan trick-or-treating. ¿Se usará ya el verbo tricotritear para designar el nuevo pasatiempo de la víspera de Todos los Santos? No sería de extrañar tal engendro verbal: el idioma también puede celebrar Halloween disfrazándose de monstruo; aunque no por la ocasión deja de ser el disfraz cotidiano.

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