Agresivo
17 Octubre 2009 por Pablo Aparicio DuránNuestra concepción actual de la agresividad es muy curiosa: hoy es una actitud positiva, apenas un defecto. En el habla de muchos son sinónimos agresividad y acometividad, agresivo y competitivo. Así, tanto en el mundo empresarial como en el de los deportes, al que demuestra muchas ganas se le llama agresivo (o agresiva).
Hay un tipo de competitividad en la que el fin justifica los medios (y no al revés, como debiera ser); a esa disposición, que es moralmente deplorable, quizá sí convenga llamarla agresividad, no digo que no. La “agresividad bien entendida” -como dijo uno de nuestros ex jugadores, tan oportuno ahora comentando jugadas en la televisión como antes rematándolas en el área- es, sin embargo, una virtud. El constante acecho a la portería del rival, la defensa férrea y dada a presionar mucho en cuanto aquel rasca bola; en definitiva, las carreras y los movimientos electrizantes, el ímpetu, la garra, la fuerza, el empuje…, todo es hoy agresividad.
Por fortuna, todavía hay honrosas excepciones. A nuestro justamente valido hombre de la radio, Carlos Herrera, todavía le importa –como por ejemplo, también, a Jiménez Losantos- el buen uso de una lengua que utiliza cada día para dirigirse a millones de hispanohablantes. Y lo hace con pequeños, pero importantes detalles. Ayer, sin ir más lejos, al decir uno de sus contertulios que Rajoy demostró saber dar la cara al enfrentarse a “una rueda de prensa tan agresiva como la de ayer”, él hizo notar -con mucho tacto- la impropiedad de calificarla de esa manera: “No, si las preguntas estaban muy bien hechas”, dijo Herrera. Estaba claro, aunque los periodistas fuesen a degüello con el “Gürtel”, ni ellos ni Rajoy se faltaron al respeto al estilo de Maradona.

