El verbo reo: calcinar y carbonizar

7 Septiembre 2009 por Pablo Aparicio Durán

¿Merece castigo la palabra mal dicha o escrita? Desde luego. Y también la verborrea, que, debiéndose a ignorancia y pedantería, se cura con un poco de instrucción; sin embargo, para no equivocarse uno jamás con las palabras, daré una regla que es infalible: no se hable ni se escriba nunca, y es probado.

Pero resulta que, en nuestra lengua (la de quinientos millones de hispanohablantes), hay palabras reas ­−y algunas de muerte− sin tener ninguna culpa. Es lo que le sucedió al verbo calcinar, prisionero en los medios de comunicación, donde se usa insistentemente en vez de carbonizar, perdiéndose así una útil diferencia de significado.

Ya en 1999, don Fernando Lázaro Carreter llamó la atención sobre esa poco menos que ejecución −en la hoguera− del verbo carbonizar, recordando el recto sentido de calcinar (según el Diccionario, “reducir a cal viva los minerales calcáreos…”, y “someter al calor los minerales de cualquier clase para que de ellos se desprendan las sustancias volátiles”). Pero un uso tan extendido como el de calcinar en los medios de difusión era imparable, y quedó finalmente consignado en la edición de 2001 del Diccionario de la Real Academia Española (DRAE): “Abrasar por completo, especialmente por el fuego”.

Y es así como, procurando tener siempre los referentes de la mesura y el sentido común del maestro Lázaro Carreter, me dispongo a denunciar aquí los encarcelamientos, raptos, ejecuciones y maltratos, no sólo de verbos, sino de toda clase de palabras, incluidas nuestras viejas preposiciones, que hoy sufren especialmente. Como dijo él: “desde ahora, perdón por mis seguras faltas, y sincera demanda de ayuda a mis lectores.”

2 Comentarios para “El verbo reo: calcinar y carbonizar”

  1. Sólo por aclaraciones (o aportaciones) como la suya, señor JM Bellido, vale la pena hacer de comentarista y -¿por qué no?- de defensor del idioma. Una cosa sí veo clara ahora, que tanto “calcinar” como “carbonizar” tienen su sentido, y por tanto su uso, latos; no hay, pues, por qué preferir uno sólo de los dos verbos al otro para hablar de cosas completamente quemadas.

    Pero eso sólo en principio. Los ejemplos que usted pone (y ése también fue mi fallo: no haber hecho una buena consulta en el corpus antes de lanzarme a darle la razón a Lázaro) tienen todos, cuando menos, un sentido no tan lato como puede parecer:

    El primero, de Diego de Santiago, es por su mismo título un texto que habla de un proceso de separación de unas sustancias de otras (pues no otra cosa es “destilar”). Cuando dice “las cosas que an sido calcinadas o quemadas” no da a entender su sinonimia (como la que existe en el “Tesoro de la lengua castellano o española”, por ejemplo), sino que pretende desterrar la idea, tan extendida en su tiempo, de que no queda en dichas cosas “calcinadas” o “quemadas” en general (¡!) “substancia que corra”. Tampoco lo he comprobado -todavía- pero estoy casi seguro de que en el Casares encontraríamos antes “calcinar” que “carbonizar” bajo el lema de “alquimia”.

    Acabo de hacer la búsqueda en el CORDE y encuentro que los primeros 25 ejemplos con la palabra “calcinada” hablan de arena o tierra calcinadas en llanuras, desiertos, planicies; también de sombra o atmósfera calcinadas; luego una piedrecilla, una ciudad, una capa de salitre y una calavera. Se habla incluso de soledad calcinada. Y en efecto, son cosas todas que no se entendería que se “carbonizaran”, ni en un sentido estricto ni –menos– en uno figurado, como es el de prácticamente todos los ejemplos.
    Porque calcinar (separar de los minerales, o de otras cosas, las sustancias volátiles, o bien reducir a cal viva), en sentido no literal, tiene unas connotaciones espirituales, de la separación del alma del cuerpo, o de muerte, desolación, etc., si se nos remite más bien a la idea de la cal. O de las dos cosas a la vez: “era puro espíritu, como si su carne hubiese sido calcinada por la fiebre” (Erneso Sábato).

    El ejemplo de Quevedo viene muy bien para ilustrar, precisamente, lo que estoy diciendo. Como usted muy bien dice nuestro autor juega con ese lenguaje especializado de la alquimia, donde, si algo se hace, es calcinar, no carbonizar. Qué iba a hacer ese alquimista denodado o desesperado sino terminar aplicando esos procedimientos en sí mismo, destilando sus propias carnes y calcinando sus ropas, que no chamuscándolas simplemente, pues ahí no habría sustancia pura alguna, claro está.

    Es cierto que, de todas las tropelías idiomáticas que se cometen, ésta de calcinar es apenas una travesurilla. Y no digo que sea nueva. Pero mantengo que su uso indiscriminado para significar que algo se ha quemado -simplemente- es cosa de los medios de comunicación. En los ejemplos que usted aporta, como en los que yo he encontrado en el CORDE, el sentido del verbo calcinar está siempre asociado a las ideas, bien de pureza o fervor espirituales, bien de de persona o cosa expuesta irremisiblemente al sol y, por tanto, consumidas por él, diríase que límpiamente:

    “Dimas no había estado nunca por tierras de Aragón y cuando le dijeron que había ya penetrado en ellas, miró y vio dos barrancos secos y en lo alto de un monte una higuera calcinada” (Gironella)

    A mí me parece que esa higuera estaba muerta; y, efectivamente, como calcinada por el sol, esto es, completamente seca, sin que quede en ella, al menos aparentemente, ninguna “substancia que corra ni se dilate”, sometida al imperio de los rayos ardientes como el polvo de las llanuras, pero no a medio quemar.

  2. José María Bellido Morillas dice:

    No, no, no, y mil veces no. La definición del DRAE, bastante anticuada, de “calcinar” es “Someter al calor cuerpos de cualquier clase para eliminar las sustancias volátiles”. De cualquier clase, orgánicos o no. Probablemente es una definición bastante impropia, porque no hay mención de la cal: pero con el DRAE en la mano, hay más derecho a usar calcinar que carbonizar, que sólo vale para cuerpos con carbono. “Abrasar por completo” si quiere decir “hacer desaparecer por el fuego” es una estupidez porque si algo quieren indicar estos dos verbos es una transformación.
    Y ahora os mostraré, a Lázaro y a ti, que lo de que los cuerpos orgánicos puedan calcinarse no es un invento de los periodistas:

    Agora provaremos que las cosas que por el fuego son calcinadas, queda en ellas cierta substancia untuosa, con la qual se dilatan los dichos cuerpos calcinados. Y esto dezimos porque ay muchos que entienden que las cosas que an sido calcinadas o quemadas, que no queda en ellas ninguna substancia que corra, ni se dilate.
    Diego de Santiago, Arte separatoria y modo de apartar todos los licores que se sacan por vía de destilación

    Por lo tanto, aquí no hay uso impropio, sino aprovechamiento de una connotación:

    Un alquimista hecho piscas, que parecía se había distilado sus carnes y calcinado sus vestidos
    Quevedo, La hora de todos

    aquel santo varón arrojado por las tempestades mundanas a la vida contemplativa y austera, estaba inflamado por un fervor tan ardiente y verdadero. Se le veía quemarse, se observaba la combustión de aquel cuerpo, que poco a poco se convertía en ceniza, calcinado por la llama de la espiritual calentura.
    Galdós, La batalla de los Arapiles.

    tú, pastor errante, calcinado por los rayos del sol
    Bécquer, Creed en Dios

    Del rayo á médias calcinado, es fama
    Que Encélado padece en la honda sima
    Miguel Antonio Caro, trad. de la Eneida

    que el corazón empedernido y ciego,
    calcinado en el fuego
    de hondas pasiones y de ciencia vana
    Rafael María Baralt

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