Espacios juveniles
13 Noviembre 2009 por Pablo Aparicio Durán

Las concejalías y patronatos de la juventud no paran de hacerse eco (en su jerga cartelera) de nuestra circunstancia actual. Según ellos, los jóvenes queremos oportunidades, necesitamos espacios y buscamos respuestas.
Las oportunidades, si son en metálico, mucho mejor. La cuestión de los espacios es bien sencilla: ante todo, la habilitación de un recinto cuyas paredes podamos decorar con grafitis; donde podamos retozar sin demasiados miramientos (y aun reflexivamente y con mucha autoestima, pues en eso todos somos extremeños).
Para las respuestas, no precisamos maestros, sino iguales (peers, se dice en la lengua que sabemos tan bien intercalar –que no hablar– para disimular las lagunas en la propia); en todo caso, alguien que esté ya de vuelta de su experiencia y nos haga ver la realidad, y, así, encontrar las respuestas por nosotros mismos.
No está mal. Lo que sucede es que los maestros también son necesarios, y, no sólo hay que encontrarlos, sino que hay que pensar en lo que nos enseñan.
En un ciclo de conferencias de 1975 (en el gran archivo de conferencias de la Fundación Juan March he encontrado yo uno de los milagros de esta nueva “Era de la Información”), titulado Dos formas de instalación humana: la edad y el sexo, hay un momento en que Julián Marías hace una serie de consideraciones sobre la paternidad. Este gran filósofo nos hace notar, entre otras cosas, que, así como no podemos elegir al padre biológico, sí es posible, en cambio, elegir al padre intelectual (o madre, ya que, en esto, ni uno ni otro se necesitan por fuerza).
Pero pocos buscan hoy a su maestro (o maestros); aunque sí se pretende, muchas veces, serlo en algo. Hoy basta con lo que muchos llaman un referente; a saber: cualquier personaje más o menos famoso, sobre el cual se manejan un puñado de tópicos que se pretenden asociar a la propia imagen.
Por otro lado, los jóvenes –y no tan jóvenes– suelen confundir la nada fácil rebeldía, tan normal como necesaria, con la negación sistemática de toda autoridad: estatal, religiosa y, claro es, también intelectual; se suele esgrimir el argumento de la pretendida incomprensión de lo que hacemos y somos los jóvenes.
En realidad, se nos comprende –y se nos ha comprendido– mucho más de lo que se piensa. Otra cosa es que el mundo entero se rinda ante nuestras pequeñas inquietudes y transgresiones más baratas.
Debe de ser por eso que los responsables –digo yo “responsables”, pues bien se cuidan ellos de no llamarse a sí mismos tal cosa– de mimar institucionalmente a la juventud, metidos de lleno en el papel de incomprendidos, redactan –consecuentemente, eso sí– cosas tan incomprensibles como las que siguen, referentes a la Casa de Juventud del Ayuntamiento de Granada:
“(…) Los objetivos son por una parte dotar a la ciudad de Granada de un equipamiento estable con estructura flexible y multifuncional (?), convenientemente equipado para ofrecer servicios, recursos y actividades desde (sic) la juventud, y por otra parte dar respuesta a una demanda constatada por parte de la población Granadina en general.”
Si la última frase era ambigua, lo que viene ahora comienza con una serie de fintas gramaticales que pillarán a contrapié al lector más ágil:
“(…) Es por ello que entre los servicios que se han prestado han ido en aumento, teniendo en este momento y abanico de diferentes servicios que funcionan de forma permanente como son la asesoría de programas europeos, asesoría de consumo, Ciber de uso libre y gratuito, sala de exposiciones, cesión de espacios (?), Tenis de mesa, Punto de información Juvenil, Carné Joven, Cine al Tuntún, Actividades enmarcadas dentro del programa de ocio nocturno ‘Enrédate conmigo’ y todas aquellas actividades propuestas por la gente y que se ha contado con la casa para el desarrollo de las mismas.”
En efecto, la originalidad de la sintaxis es lo único rompedor de la oferta en sí que nos propone “la Casa”.











