Buscando a Eric, un cuento de hadas actual

9 Diciembre 2009 por Felicísimo Valbuena

Los personajes de Ken Loach y las críticas que recibe este director (que son elogios encubiertos).

No sé si alguien lo habrá escrito antes, pero muchos de los personajes de Ken Loach me recuerdan a los que pintaba Hogarth. Sí, desde luego que esos personajes eran mucho menos bellos que los de Rafael, pero ahí estaban y siguen estando.

Le han venido achacando a Loach que es previsible y desordenado. Esto me recuerda a la necrológica que Ortega escribió con ocasión de la muerte del filósofo Max Scheler: «Su obra se caracteriza por la más extraña pareja de cualidades: claridad y desorden. En todos sus libros- sin arquitectura- se habla de casi todas las cosas. Conforme leemos, advertimos que el autor no puede contener la avalancha de sentido que se le viene encima… vivía mentalmente atropellado de pura riqueza… la muerte de Scheler deja a Europa sin la mente mejor que poseía, donde nuestro tiempo gozaba en reflejarse con pasmosa precisión. Ahora es preciso completar su esfuerzo a adiendo lo que le faltó: arquitectura, orden, sistema».

La historia de Eric, un cartero que se encuentra «entre el suelo y el estribo»

La historia de Buscando a Eric es muy sencilla. Eric, un cartero, está «entre el suelo y el estribo». Vive con dos adolescentes, hijos de dos relaciones suyas anteriores, que sólo le dan disgustos, y está apegado al recuerdo de su mujer, a la que abandonó treinta años antes. Piensa que su vida es un completo error y, como es un buen hombre, sus compañeros de Correos quieren alegrarle la vida, pero no lo consiguen.

Cuando más desesperado está, se le «aparece» Eric Cantona, un futbolista francés que se convirtió en el ídolo de los hinchas del Manchester hasta el año 1998. En los encuentros que van teniendo, Cantona le va diciendo qué puede hacer para salir de las situaciones pantanosas en que se encuentra.

Un cuento de hadas actual, visto desde el Análisis Transaccional de Eric Berne

Es un cuento de hadas actual. Y bien, ¿qué tiene esto de malo?. Al revés, encuentro que esta película es excelente para interpretarla desde el Análisis Transaccional, de Eric Berne. Toda la historia de Eric es que sólo tiene activados su Padre Crítico y su Niño Rebelde. Gracias a Cantona, va haciendo surgir su Adulto y aumentando su autoestima. Después, reaparece su Niño Espontáneo, que comienza a divertirse y a ser creativo.

Sus transacciones, durante buena parte de la película, son quejumbrosas, pero es Cantona quien le ayuda a quitarse su corona de espinas y a que comience a descubrir la asertividad, la amistad, el amor y la intimidad.

Y dejando aparte los juegos, por la limitación de espacio que me he impuesto, esta película demuestra cómo hay que dar los permisos, como hace Eric Cantona: le da a Eric el cartero permiso para pensar, para hacer las cosas bien, para amar y para vivir, los cuatro permisos más importantes de la vida. Por cierto, junto con Berne, ya van saliendo tres Eric en esta crítica. Cantona demuestra potencia y protección, las dos cualidades que hacen posible un permiso. Es decir, tiene credibilidad, autoridad y no le amenaza.

Eric Berne se murió cuando iba a escribir un libro sobre los Cuentos de Hadas y los Guiones de Vida de las personas. Él decía que nuestro cuento favorito nos dice mucho sobre quiénes somos y qué pensamos hacer en la vida. Eric Cantona actúa como un jugador mítico para Eric el cartero y toma cuerpo en la película, porque es su voz interior. Berne escribió con gran acierto sobre las voces que tenemos en la cabeza. Cantona es el Buen Gigante de los Cuentos, no el Odioso Gnomo. Si hubiera sido mujer, sería un Hada Madrina, no una Bruja.

Por cierto, ¡qué gran tradición literaria hay de personas míticas que guían a los protagonistas en su viaje y los libran de los peligros!. Este aspecto merece, por sí mismo, una entrada especial en este Blog, que acometeré cualquier día.

Siempre a tu lado y Tenderness: dos naufragios

2 Diciembre 2009 por Felicísimo Valbuena

Siempre a tu lado

Sí, ya sé que estas dos películas no se desarrollan en el mar, pero ¡qué modo de naufragar dos directores y dos actores célebres!.

Lo de Hollywood está llegando a una vulgaridad que está alcanzando niveles de ridículo de mucho cine europeo y, ¡ay, cuánto lo siento!, español.

Empecemos por Siempre a tu lado.

Se lo sintentizo:

1) Richard Gere, que aquí funge de profesor de música se pasa sólo 24 minutos de la película intentando desprenderse del perro que se ha encontrado. Por fin, logra doblegar la voluntad de su mujer.

2) Pues no crean que ahí queda la cosa. Se pasa otros 26 hasta que consigue que el perro Hachi le haga caso. No está mal, ¿verdad?. Podría haber visto ese programa del amaestrador de perros, que tanto éxito ha obtenido.

3) No es extraño que, ¡incluso a Richard Gere!, le sobrevenga la muerte. Aunque luego, durante el entierro, leen un discurso que él se tenía preparado sobre un dios panteísta, o algo así.

4) ¿Qué pena!. El perro va a esperarlo a la estación nada menos que durante diez años. Y lo peor es que la viuda se lo encuentra al cabo de esos diez años y se le hace extraña tanta fidelidad. ¡Habráse visto viuda más desagradecida!. Menos mal que el nieto viene a suavizar un poco las cosas y lee uno de esos discursos norteamericanos que, según parece, los niños pronuncian en clase.

Después, tanto y tanto sinsentido acaba por encontrar la plomada de la realidad. Resulta que el guión está basado en una historia real de los años veinte. Pues hasta en eso el guionista Stephen P. Lindsey escamotea la realidad. En 1987, el director japonés Seijiro Kôyama había dirigido la misma historia, con guión del célebre director de cine Kaneto Shindo. Me gustaría ver esa película, basada en esos mismos años veinte.

Por cierto, ¿quién es capaz de contar las veces que diversos personajes pronuncian la palabra «Hachi»?. A los amantes de los mantras les recomiendo esta película. A nadie más. Corrijo: A quienes tengan dificultades para dormirse. Si no se duermen oyendo repetir tantas veces el nombre del perro de la raza Akita, consulten a su farmacéutico.

Por supuesto que Richard Gere no va a leer esta crítica. ¡Peor para él y para su agente! Si sigue así, lo único que va a encontrar delante es una pendiente y quién sabe si un acantilado en su carrera.

 

Hacía mucho tiempo que no veía un «thiller” tan absurdo. No es creíble la situación; no son creíbles los personajes y no es creíble el desenlace. Todo es previsible, determinista, de manera que el director cree que nos engaña con sus «flashbacks , con sus retrospectivas, pero sólo a quien sea muy, muy ingenuo. ¿O es que el novelista Robert Comier, el guionista Emil Stern y el director John Polson creen que nos vamos a olvidar de que roban la idea fundamental de Una tragedia humana (An American Tragedy), que dirigió el gran Josef Von Sternberg en 1931, y veinte años después exactamente George Stevens con el título Un lugar en el sol?. ¡Qué vergüenza plagiar de ese modo la muerte de la chica en el lago!. Ah, y también, la situación final de El cartero siempre llama dos veces. Es decir, que un criminal va a la silla eléctrica por un crimen que no cometió,.

Russell Crowe, ¿adónde vas, triste de ti? ¡Quién te ha visto y quién te ve!. ¡Levántate, y no vuelvas a interpretar papeles ridículos!. Como sigas así, en el futuro llegarás a convertirte en el gran actor que es Nicholas Cage. A éste sí le hubiera ido mejor tu papel.

 

Tenderness

Hacía mucho tiempo que no veía un «thiller” tan absurdo. No es creíble la situación; no son creíbles los personajes y no es creíble el desenlace. Todo es previsible, determinista, de manera que el director cree que nos enga a con sus «flashbacks , con sus retrospectivas, pero sólo a quien sea muy, muy ingenuo. ¿O es que el novelista Robert Comier, el guionista Emil Stern y el director John Polson creen que nos vamos a olvidar de que roban la idea fundamental de Una tragedia humana (An American Tragedy), que dirigió el gran Josef Von Sternberg en 1931, y veinte a os después exactamente George Stevens con el título Un lugar en el sol?. ¡Qué vergüenza plagiar de ese modo la muerte de la chica en el lago!. Ah, y también, la situación final de El cartero siempre llama dos veces. Es decir, que un criminal va a la silla eléctrica por un crimen que no cometió,.

Russell Crowe, ¿adónde vas, triste de ti? ¡Quién te ha visto y quién te ve!. ¡Levántate, y no vuelvas a interpretar papeles ridículos!. Como sigas así, en el futuro llegarás a convertirte en el gran actor que es Nicholas Cage. A éste sí le hubiera ido mejor tu papel.

La gran comedia italiana de los años sesenta

25 Noviembre 2009 por Felicísimo Valbuena

¿A qué viene este meterme en el túnel del tiempo?

Sí, os preguntaréis por qué me he decidido a echar el sedal aguas arriba y tan lejos.

La respuesta es muy sencilla: Estoy hartándome de las malas comedias que nos van suministrando el cine norteamericano, europeo y español.

Desde luego, comparto con Jardiel Poncela su creencia en que el humor responde a estados avanzados del espíritu humano, y no creo que en estos momentos estemos sobrados de muestras de inteligencia.

Por eso, si afirmo que no me gustan la gran mayoría de las comedias de hoy, me veo obligado a exponer, por contraste, lo mucho que me gustaban algunas de las comedias italiana de los años sesenta. Y discrepo del director Mauro Bolognini, quien estaba convencido de que Italia producía farsas, no comedias.  

Divorcio a la italiana (1961) y Seducida y abandonada  (1964)

Pietro Germi dirigió estas dos obras maestras, que discurrían en Sicilia, nada menos.

Podían haberse quedado en farsas costumbristas, que es un defecto en el que caen tantas novelas y películas españolas. Germi hizo todo lo contrario: criticó las malas costumbres, atacó las estructuras mentales que miles y millones de personas admitían como inevitables y ridiculizó a los personajes que representaban esas costumbres que ahora nos parecen de otras épocas. Y sobre todo, se burló de los artículos del Código Penal que consagraban la moralina del “honor”. Además, los intérpretes no encarnaban a personajes de cartón-piedra, sino que los hacía poliédricos, dándoles ese “cerco dramático” que todos los escritores pueden aprender leyendo las obras de Shakespeare. Los buenos y los malos de Shakespeare no son enteramente buenos ni malos de una pieza. Por eso perduran y perdurarán.

Hace unos años estudié a fondo Seducida y abandonada desde la perspectiva del Análisis Estructural de Segundo Grado, de Eric Berne y acabé satisfecho, porque comprobé que el Análisis Transaccional puede investigar muy bien la vida de los grupos y el funcionamiento de algunas sociedades.

Volviendo a Germi: después de esas dos obras maestras, con la inolvidable Stefanía Sandrelli, quiso repetir el éxito con la misma actriz y Dustin Hoffman, en Alfredo, Alfredo (traducida como El divorcio es cosa de tres (1970) y la calidad de la película estuvo muy lejos de las otras dos. Porque ¿dónde está escrito que un director haya de conseguir que todas sus películas sean obras maestras?. Sigo creyendo que la clave de la película está en los guionistas. Cuando Germi trabajaba con guiones flojos, ¿cómo iba a conseguir obras maestras?. Germi vivió 60 años (1914-1974). Si hubiera vivido más, quizá nos hubiera entregado otras obras maestras, pero con las que nos dejó, ya es suficiente para que lo consideremos un maestro de la comedia.

La escapada (1962)

Dino Risi (1916-2008) vivió mucho más que Pietro Germi y dirigió muchas más películas. Me quedo con La escapada. No porque fue su mayor éxito, sino porque también supo criticar las nuevas costumbres de los italianos. Bruno, el personaje que Vittorio Gassman interpretaba, mostraba aspectos negativos pero también otros positivos. En un solo día, y aunque el final acabase trágicamente en la muerte del joven Roberto, estudiante de Derecho, en accidente de coche, éste acababa reconociendo que había pasado con él el mejor día de su vida. En resumen, Gassman consiguió activar el estado del Yo Niño espontáneo en Roberto, cuando hasta entonces sólo vivía la vida desde su Niño Adaptado, como diría Eric Berne. Es decir, le dio Permiso para divertirse y para la intimidad auténtica con las mujeres. Si la película no hubiera acabado tan súbitamente, hubiéramos podido pensar que la vida de Roberto cambiaría para mejor.

Sobre la desaparición de algunas películas

Y ahora vuelvo nuevamente a Seducida y abandonada.  ¿Sabéis que prácticamente ha desaparecido del mapa?. Digo prácticamente porque no contamos con la versión doblada al español. Y sólo hace unos años, el programa Cineclassics, de Canal Satélite Digital la ofreció en versión original y subtitulada. Intentad buscarla y ya veréis cómo no la encontráis. Lo cual es gave, porque la Editorial Aymá publicó, hace cuarenta años, un libro excelente, con el guión completo y una historia de cómo Germi rodó la película.  Por eso, para quienes os queráis dedicar al cine y aprender a escribir guiones excelente, haceos con este libro de la también desaparecida editorial Aymá. Y si alguien consigue el libro y lo sube a la Red, preatará un gran servicio a todos los cinéfilos.

No quiero acabar aquí sin señalar que también ha desaparecido  La escapada en su primer doblaje al español, mucho mejor que la que acaba de aparecer en DVD y que vi, por primera vez en Telecinco hace unos años. ¿Cómo recuperar esa primera versión, que era fiel a los versos de Lorca que Bruno repite varias veces en la película?

Katyn

15 Noviembre 2009 por Felicísimo Valbuena

El predominio de los aspectos subjetivos

Los tres mitos políticos y destructivos del siglo XX han sido: 1) El mito de la Hermandad de la Clase obrera, que comenzó en 1917 y acabó con la caída del Muro de Berlín en 1989; 2) El mito de la Raza Aria (1933-1945) y 3) El Mito de la Cultura, que cobró fuerza a raíz de la caída del Muto de Berlín y que está vigente.

Desde que estoy escribiendo en La Voz Libre sobre cine- primero, una columna titulada Críticas bernianas y ahora este Blog que he llamado Cine Berne- me he ocupado de películas sobre el Mito de la Raza Aria: El búnker, El Hundimiento y Eichman; y sobre el Mito de la Cultura: Hotel Ruanda. Ahora ha llegado una película sobre el Mito de la Hermandad de la Clase Obrera: Katyn.

Lo mejor que puedo decir de Katyn es que Andrew Wajda se haya propuesto y logrado filmar esta película. Y con más de ochenta a os. Tenía dos motivos personales muy profundos: Su padre fue asesinado por los soldados soviéticos en las célebres fosas de Katyn, un bosque cercano a la ciudad de Smolensk; su madre había muerto en 1950, sin saber qué había sido de su marido y Wajda ha rodado esta película como un homenaje a ella.

Es fácil advertir esta motivación subjetiva -Pike la llamaría una perspectiva emic-. Hay varias líneas narrativas, historias de personajes, y nos hacemos cargo de sus esperanzas angustiosas, de no querer reconocer la realidad, y de su desesperación cuando se enteran de la muerte de sus maridos; la desesperación lleva también a un teniente, que fue testigo de la tragedia y logró salvar su vida, a pegarse un tiro en la sien.

La película acaba con unas escenas terriblemente realistas, en las que vemos el método que utilizaron los soviéticos para acabar, entre abril y mayo de 1940, con las vidas de entre 22.000 y 28.000 oficiales, profesores y estudiantes polacos.

 Lo que le falta a la película: Una visión histórica

Es decir, lo que Pike llamaría una perspectiva etic. Wajda basa la verdad que contiene la película en las notas que un oficial fue escribiendo. Un personaje de ficción, no un testigo real. Y aquí surge la insatisfacción ante la falta de contexto de la película. Wajda hace aparecer a los militares nazis y soviéticos confraternizando a los pocos minutos de la película -es decir, la invasión conjunta de Polonia justamente una semana después de la firma del tratado Molotov-Ribentropp-; también registra los empe os de los nazis y de los soviéticos por utilizar propagandísticamente la matanza. Efectivamente, los nazis descubrieron las fosas de la masacre, pero esta película demuestra cómo los propagandistas pueden manipular los hechos. Y si Wajda ha investigado en parte de la historia, ¿por qué no ha contado la ha contado toda?. Resulta increíble que no se haya remontado al origen de toda la masacre de Katyn. Durante cincuenta a os, la propaganda hizo desaparecer la verdad. Por fín, y con motivo de las disputas Gorbachov-Yeltsin, los soviéticos desclasificaron el documento que desencadenó la matanza: La carta de Beria a Stalin, del 5 de marzo de 1940. Beria fue el que ideó el exterminio, aunque el documento contó con las firmas Stalin, Molotov, Kaganovich, Kalinin, Voroshílov, Mikoyan y Beria. (Véase el Apéndice 5 de Operaciones especiales, de Pavel Sudoplatov y Anatoli Sudoplatov. Barcelona. Editorial Plaza & Janés, 1994, Páginas 587-590).

 Kolstov y Beria

Eric Berne se ocupa en ¿Qué dice usted después de decir” Hola”? de los asesinos que interrumpen el guión positivo de la vida de una persona. En nuestra inteligencia está hacernos cargo de lo que supuso para Polonia el corte de los guiones de tantos miles de polacos. Tampoco hay que caer en el pesimismo de una mujer que, a la hora y media de la película dice: «Polonia nunca será libre, nunca . La Historia ha demostrado que supo independizarse de la Unión Soviética. Por tanto, Katyn no debe convertirse en una losa pesimista para el futuro de esta nación. Es decir, que los polacos pueden superar su pasado de sufrimientos que les han venido de frentes muy diversos.

La matanza de Katyn tiene un precedente muy claro: los fusilamientos en Paracuellos del Jarama en Noviembre de 1936. El autor intelectual de esa matanza fue el periodista ruso Mihaíl Koltsov, autor del libro Diario de la Guerra espa ola. Madrid, Editorial Akal, 1978).

Lo que más llama la atención a quien lea el libro de Koltsov y la carta de Beria es que ambos utilizan argumentos semejantes para las masacres.

Esto queda para una próxima entrada en este Blog.

De momento, quiero adelantar dos hechos muy importantes, tres ejemplos de “humor del destino”. Después de llegar a Moscú, y en la misma recepción-homenaje a Koltsov por los artículos que había escrito como enviado de Pravda, Stalin le amenazó y al día siguiente le mandó arrestar. Y Kolstov fue fusilado en Febrero de 1940; con sólo tres días de diferencia, por orden de Stalin también fue ejecutado Yezhov, el más sanguinario de los jefes de la policía secreta soviética, . En 1953, después de morir Stalin, lo primero que hicieron Kruschev y sus aliados del Politburó fue encarcelar y, después, fusilar, a Beria.

Aunque sea un tópico en el que no creo, porque hay demasiadas excepciones, estas experiencias me obligan a repetirlo: “El crimen nunca paga”.

 

 

 

Ágora, una empanada mental

8 Noviembre 2009 por Felicísimo Valbuena

Las películas sobre Jesucristo que más me han gustado, de entre todas las que he visto, siguen siendo El Evangelio según Mateo, de Pasolini y El Mesías, de Rossellini (esta última, mucho menos conocida, fue la última película de su autor). Fidelidad histórica y los medios imprescindibles. Son películas que pervivirán.

 Ágora se encuentra en una corriente distinta, que tanto éxito de ventas tuvo con El Código Da Vinci, de Dan Brown (a su vez, basado en Enigma Sagrado, de Michael Baigent, Richard Leigh y Henry Licoln, que lo publicaron en 1982). La Religión vende, queridos amigos. Sobre todo, cuanto más burdos son los ataques, que no argumentos.

Si para Dan Brown, el coco era el Opus Dei, para quien ha dirigido Ágora, es el Cristianismo en general. Podríamos montar una película sólo con las actuaciones de Hipatia, a la que el director o los dos guionistas se empeñan en hacer precursora de Kepler. Quedaría una película bella, y con el único personaje memorable de la película. Como diría Eric Berne, Hipatia es una mujer que tiene permiso para pensar, para hacer las cosas bien y para divertirse con su trabajo de científica, pero no para amar.

Y sería posible montar otra película, con todos los demás personajes. Esta segunda sería maniquea, pero mucho menos que la que resulta de pegar con engrudo los dos relatos.

No puedo tomarme en serio Ágora. Lo mejor sería hacer un comentario humorístico, como el excelente que Clandestino Menéndez, en su libro Cuadernos Críticos, hizo de El Código Da Vinci.

Por tanto, dedicaré otra entrada en este Blog a reírme de Ágora, pero no prometo cuándo, porque me he aburrido mucho viendo esta película.

De momento, sólo quiero señalar algunas cosas. El guión es malo de solemnidad y la trama muy confusa. El director ha contado con muchos medios. ¿Para qué le han servido, si sólo recordamos personajes de cartón-piedra?. Entonces, a falta de personajes, nos quedamos con tres secuencias especialmente siniestras: 1) el ataque sangriento a los cristianos evoca, en el estilo, la forma en que los hutus realizaron el genocidio de los tutsis, en Ruanda, hace quince años; ¿recordáis cómo el locutor de la Radio de las Mil Colinas denominaba a los hutus, en la película Hotel Ruanda? «Cucarachas» . ¿Recordáis los machetes que emplearon? Aquí, espadas. El director de Ágora presenta siempre a los cristianos vestidos de negro; el colmo de esta visión siniestra es cuando han quemado los pergaminos de la Biblioteca de Alejandría; mediante un truco, y en picado, los cristianos aparecen como cucarachas o ratas que se mueven velozmente en todas las direcciones; 2) la secuencia de la quema de pergaminos calca, al pie de la letra, la quema de libros que Goebbels organizó públicamente en 1934; 3) el ataque de los judíos a los cristianos se basa en el tópico de que los judíos tienen un estilo traidor de hacer las cosas.

No, no busquemos aquí teorías sobre la Decadencia del Imperio Romano, como La crisis política de los años 69-96, de G. Manfred. O El final del mundo antiguo, de S. Mazzarino; o Historia social y económica del imperio romano, de M. Rstovtzeff. O La pavorosa revolución, de F. W. Wallbank O Roma y su imperio, de A. Aymard y J. Auboyer… Ni tampoco, la importancia que tuvieron los cristianos cuando lucharon contra los sangrientos espectáculos de gladiadores o contra la esclavitud. Y por supuesto, no busquemos en los libros cuándo y cómo los cristianos quemaron la Biblioteca de Alejandría, sencillamente porque es mentira.

Esta película es un resumen de todo el fanatismo que pueden albergar las mentes de dos guionistas ignorantes. Dejo a otros desvelar la grosera falsificación de la historia que encierra esta película. Sólo me atrevo a recomendar 1984, de Orwell, o todo lo que ha escrito E. Hobsbawn sobre las «tradiciones inventadas» . También creo que es necesario emprender, con muchas películas españolas, el mismo trabajo de demolición crítica que están llevando a cabo los autores de la revista La Fiera Literaria con la industria novelística española y mundial. La gran estafa, de M. García Viñó, es un libro excelente para ilustrar lo que aquí propongo.

Por cierto, y hablando de García Viñó. Quien lea su libro La nueva Eva, sobre María Magdalena, podrá compartir, o no, sus ideas. Pero de lo que no cabe la menor duda es de que leemos un libro serio, muy trabajado, con ideas originales. Todo lo contrario del muy torpe guión Ágora, que es la apoteosis del topicazo.