El capitalismo, una historia de amor, de Michael Moore
4 Febrero 2010 por Felicísimo ValbuenaEste nuevo documental de Michael Moore se distingue de los que ha realizado anteriormente porque es demasiado ambicioso. Ya no se enfrenta con la Asociación del Rifle, o con las aseguradoras. Va directamente contra el capitalismo.
Hay varios momentos de esta película que dan de sí para relatos y películas independientes.
- Los “buitres” que se apoderan de los pisos que los norteamericanos no pueden pagar. Los buitres no matan: limpian. Se hacen con la información sobre los pisos-ganga como si fueran aviones-espías sobrevolando un campo de batalla.
- Un ejecutivo que ve como lo más normal suprimir, si fuera necesario, todos los puestos de trabajo de la industria del automóvil en Flynt, Michigan, sede de la General Motors. Y vaya que si los suprimieron. La cámara recorre el lugar completamente apasionado en el que durante muchos a os se elevaban las fábricas. Pocas veces he visto la unión tan directa entre unas palabras y una acción tan destructora.
- Algunas empresas y corporaciones se aprovechan de sus empleados. Firman, en su nombre, pólizas de seguro de las que ellas son los beneficiarios de las muertes. El experto que ha investigado estos grandes abusos llega a emplear el humor negro. Hay empresas que parece que desean que mueran más empleados, porque así se beneficiarán más.
- Cuando surgió la epidemia del fraude bancario, sobrevino el 11 de Septiembre y tuvieron que separar a quinientos agentes que estaban dedicados a investigar a fondo el fraude.
- Los prestamistas han sido los culpables de la crisis. Los ricos se dispusieron a hacer su última faena de robar a los pobres. Se han enriquecido los ejecutivos de los bancos y los políticos que se pasaron a la empresa privada, proclamando mentiras en las que ellos no creían.
- Cuando las películas sobre catástrofes se han convertido en un género, un estudioso le expone a Moore una gran alegoría: La crisis ha sido como el desbordamiento de una presa. El sistema estaba construido sobre arena, no sobre piedra.
Moore no se puede enfrentar sólo con ese enorme gigante que es el Capitalismo. Entonces, se le ha ocurrido lograr una condena que proceda nada menos que de la Iglesia Católica. Desde el sacerdote católico que aparecía en Gran Torino, de Clint Eastwood, no había visto yo una presentación tan favorable de dos sacerdotes y un obispo: el que casó a Michael, el que casó a su hermana y el Obispo de Chicago, ayudando a los pobres. Nada que ver con los directores españ oles actuales, que están en un rancio anticlericalismo. Por supuesto, que si se pone de moda presentar favorablemente a los curas y eso da dinero, se apuntarán a esa moda.
El documental finaliza con la música de La Internacional, himno que han cantado y siguen cantando los comunistas durante muchas décadas.
Es decir, nuevamente nos encontramos con este director sagaz, atrevido, contradictorio, sensacionalista, demasiado apegado a su Flynt natal, al que siempre presenta en sus documentales, y a sus anécdotas personales. Le falta un marco filosófico en el que encuadrar un acontecer tan enorme como la crisis del capitalismo. No puede saltar a una visión teológica sin antes haber abordado aspectos muy diversos. O como dirían los lógicos, debería haber estructurado este documental como un sorites o razonamiento continuado. Pienso que los documentales de Moore ilustran muy bien algunos aspectos de la realidad y conectan con un público muy amplio. El pero que le pongo es que, como diría Eric Berne, siempre hay un elemento de Juego. Más en concreto, este documental ilustra el Juego que Berne denominó ¿No es terrible?. Se convierte en un juego cuando el jugador manifiesta abieretamente su angustia, pero en secreto le gratifica pensar en las satisfacciones que puede conseguir de su desgracia. Por eso, hay una corriente de opinión muy extendida según la cual Moore saca demasiados beneficios del capitalismo al que critica.

