LIBERTAD
13 Diciembre 2009 por B.J. RecioEstos últimos meses he vivido en Libreville, capital de Gabón, este nombre como todos sabemos, significa ciudad libre, y es que en esta ciudad fue especialmente importante la abolición de la esclavitud, ya que desde aquí partían un gran número de los barcos de esclavos de Centroáfrica hacia otros países. En este continente africano la huella dejada por la esclavitud es importante, de hecho hoy existe todavía en muchas zonas y es difícil encontrar en muchos países, en la actualidad, una serie de derechos y libertades como: el derecho a elegir un gobierno libremente, el derecho a moverse con libertad por el país sin ningún tipo de coacción, el derecho a elegir libremente un trabajo, una casa o que estudios se desea realizar. Pero por el contrario si existe algo que es común a la mayoría de los africanos, y es la libertad de ser como son, de ser ellos mismos, y eso les hace vivir la vida al límite. Cuando hay que trabajar, se trabaja al máximo; cuando se descansa, como si se acabara el mundo; cuando hay que celebrar algo, con una explosión de fiesta y alegría; y cuando se sufre, también al límite. Aquí son libres para ser así porque no necesitan mantener una imagen, se conocen perfectamente unos a otros, todo está al descubierto y no tienen nada que esconder. Esto que suena tan bien es algo que muy pocos pueden, o mejor, se atreven a hacer en nuestra añorada y tan querida, por estos lugares, sociedad capitalista occidental. Tanto en nuestra querida y vieja Europa como en Estados Unidos o cualquier otra sociedad industrial y prospera, todo lo que tenemos, trabajamos y consumimos, lejos de llevarnos a ser más libres, y por miedo a perderlo, que nos lo quiten o sepan realmente lo que tenemos y como somos de verdad, nos hace encerrarnos mas y mas en nosotros mismos, tanto que en muchas ocasiones, ni los más cercanos saben lo que nos gusta de verdad, lo que nos hace sufrir o lo que pensamos de tantas cosas. Buscando la aprobación de los demás hacemos y decimos cosas que nada tienen que ver con nuestra persona. Aparece entonces, en nuestra acomodada y falsa sociedad, una selva con insectos, alimañas y carroñeros realmente peligrosos, pero que nada tienen que ver con los que viven en la selva africana, en la cual subsisten en plena armonía y equilibrio. En nuestra sociedad, si te muestras como eres y vives como te gusta, antes o después algún depredador te hará daño.
Por tanto esa forma de vivir libre, fresca y sincera también forma parte de la idiosincrasia de las gentes de este continente, contagiando a tantos que por una u otra razón venimos desde el primer mundo a esta tierra africana y que podremos vivir solamente mientras permanezcamos en ella, ya que en cuanto volvamos a nuestro país, el miedo al juicio y la falta de libertad, nos harán encerrarnos en nosotros mismos otra vez.











Qué hipocresía que pusieran nombres tan rimbombantes que quedaron tan sólo en eso, nombres y nada más: Libreville, Freetown, Liberia…