Cosas que pasan…

11 Noviembre 2009 por B.J. Recio

Mención especial, dentro de las curiosidades de este país, merecen todos los aparatos electrónicos, eléctricos o mecánicos. En nuestra casa la climatización de la misma, consiste en cuatro ventiladores, uno por habitación, que solo conectamos cuando nos vamos a la cama y que desconecta siempre el primero que se levanta, el resto del día la ventilación de la casa se debe a la apertura de todas las ventanas y la puerta delantera y trasera, ya pasaron los primeros días con aire acondicionado en casa de un amigo. Bien, uno de ellos siempre ha dado problemas en su funcionamiento. Últimamente se paraba sin contar con nadie, y de noche en la cama ya no sabias si se debía a uno de los muchos cortes de electricidad, producidos por las famosas tormentas del ecuador u otro tipo de insospechada casuística, o simplemente que el aparato, que parece tener vida propia, ha decidido dejar de funcionar a su libre albedrio. De tanto levantarse por la noche para intentar, entre chispazos y algún que otro calambre, poner en marcha de nuevo el aparato, se ha creado una estrecha relación entre ambos. El otro día me propuse arreglarlo definitivamente y tras varios intentos de desmontar, aflojar y apretar, y viendo que seguía sin funcionar, opte por la consabida formula de” leña al mono” y tras endiñarle al motor tres o cuatro golpes con la escasa herramienta que tenemos y como por arte de magia, el ventilador comenzó a funcionar como si el motor estuviera todavía en rodaje. Perplejo por el hecho, y cansado por la energía gastada, me fui a mi habitación, junto con el aparato amigo, para reposar sobre la cama con la luz apagada, mientras probaba la nueva vitalidad del electrodoméstico manteniéndolo enchufado y en funcionamiento. Como ya era de noche y esperando la cena, cai en un sopor muy común por estos lares, y me dormí. De pronto algo me despertó; una pequeña explosión seguida de varios chispazos y una llamarada que produjo el incendio del aparato, incendio que no se apagaba y que produjo en mi una reacción inmediata, que fue  gritar: “Isaac por favor, quieres venir y apagar este fuego”. En fin, el acontecimiento fue el tema de comentarios de todo tipo durante la cena, mientras todos contemplábamos su silueta chamuscada en la terraza, sobre todo mi mujer y yo , ya que con él había desaparecido la refrigeración nocturna de nuestra habitación, y es que con este calor y las ventanas cerradas por los mosquitos, notamos mucho su falta.

No puedo dejar de mencionar en este apartado los coches de este país.  Cuando era joven hice un curso de formación profesional de mecánica del automóvil, al que nunca encontré sentido, y que solo me ha permitido hacer algún cambio de aceite y algún arreglo de emergencia. Desde que llegamos todo esto ha tomado sentido, ya que aquí no disponemos de coche propio y un día te dejan uno y otro día otro, la verdad es que hasta en eso nos cuida el Señor, lo cierto es que todos los vehículos, por distintos que sean, tienen una cosa en común; y es que no he encontrado uno que funcione en condiciones. Si no es el arranque, es el cambio y si no el embrague. Por ejemplo: hemos tenido un Toyota Land Cruaiser, un todo terreno grande, que cada vez que teníamos que arrancarle había que abrir el capo quitarle el terminal del polo positivo de la batería y sujetar con la mano un manojo de cables pelados, junto a dicho polo, mientras otro da al contacto para poder arrancar. Una vez arrancado se vuelve a colocar el cable en la batería y andando. Operación que hay que repetir cada vez que arrancas el coche. Aunque suena un poco complicado y peligroso, no lo es tanto, salvo que en ese momento este diluviando, cosa bastante normal en este país y que dificulta un poco la operación. Actualmente tenemos un pequeña furgoneta de nueve plazas, aunque podemos entrar sin problemas hasta quince, la cual va bastante bien, menos cuando hay que arrancarla, ya que en este caso la operación consiste en bajarse todos del coche y empujar hasta que conseguimos que el motor arranque. Lo cual cuando vamos todos es fácil, pero se va complicando a medida que el número de pasajeros baja, en ese caso lo importante es dejar siempre el vehículo aparcado en una cuesta. Si al coche le funcionan los intermitentes o las luces, o si tiene los cinturones de seguridad, eso es pura fortuna. El trafico aquí es un desastre y además muy abundante, y con un parque móvil con una media de 16 años. En fin yo siempre he dicho que para conducir en este país lo importante no es ser un buen conductor, si no haber echado muchas horas en los coches de choques de nuestras queridas ferias y verbenas. Por si todo esto fuera poco, luego están los policías gaboneses, que parte de su sueldo corresponde a su nomina y parte a lo que sacan a los desaprensivos conductores, a cambio de no llevarles a la comisaria por no sé qué supuesta infracción. Curiosamente este tipo de infracciones se multiplican a final de mes por extraña coincidencia. Todo esto si el que conduce el coche es blanco, se soluciona fácilmente con unos 10.000 francos, y es que con este color somos un “blanco fácil” para la policía.

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